El proyecto se sitúa en una parcela de Valdebebas, en un entorno dominado por grandes bloques residenciales y una escala urbana muy marcada. Frente a este contexto, la propuesta nace de la idea de reducir la escala poco a poco, pasando de lo urbano a lo doméstico de manera progresiva.
A nivel general, un edificio de mayor escala cierra el perímetro de la parcela y se relaciona con las edificaciones existentes. En el interior, el conjunto se fragmenta y se abre, organizado por un río que atraviesa la parcela y estructura tanto el paisaje como los recorridos y los espacios públicos. El proyecto se apoya en la convivencia de distintas escalas. A medida que la edificación se reduce, aparecen piezas de escala media y pequeña que generan una red de calles peatonales, pensadas como espacios de relación cotidiana y no solo como zonas de paso.

Mi trabajo se centra en la escala S, el nivel donde la arquitectura se acerca de manera más íntima a las personas y a su forma de habitar. Esta escala se entrelaza con la escala M y se desarrolla en contacto directo con las calles peatonales, buscando generar un entorno urbano cercano y humano. La organización de los edificios parte de una tipología sencilla: dos pequeñas torres de viviendas conectadas por un núcleo de comunicaciones común. Esta estrategia permite fragmentar el volumen, manteniendo una lectura más cercana y accesible para los peatones.
Las plantas bajas que dan a la calle se conciben como viviendas-taller, inspiradas en los penshirubirus japoneses, con el taller en la planta inferior y la vivienda en la superior. Este tipo de vivienda funciona como una transición entre lo público y lo privado, reforzando la relación entre el espacio doméstico y la vida urbana. El resto de las viviendas se desarrolla en una sola planta, mientras que los áticos cuentan con dos niveles y una planta superior flexible, capaz de adaptarse a distintos usos con el paso del tiempo.


